Cómo Donald Rumsfeld puede salvar a la Argentina

*Nota muy preocupante del FT*


Nota publicada por el Financial Times, de Londres, el 17 de julio de 2001, 19:13 Hora de Greenwich

Cómo Donald Rumsfeld puede salvar a la Argentina
La Argentina debería proponerse como ayuda en la defensa misilística, a cambio de ayuda financiera, propone David Hale.

Estamos ante un serio riesgo de que la crisis financiera argentina se salga de control y prepare el terreno para acontecimientos que podrían desestabilizar por muchos años toda la región del Mercosur.

Los problemas argentinos son bien conocidos. Su moneda se ha clavado con el dólar a partir de 1991, y el peso ha ido revaluándose junto con el dólar norteamericano, aunque la Argentina, básicamente, es un país productor de commodities cuyos términos del intercambio se deterioran. La deuda pública argentina excede el 50% del producto bruto interno, y el país está pagando tasas de interés real de entre 14 y 15% porque los mercados temen que la prolongada recesión que hay en el país terminará por forzar al gobierno a
declararse en cesación de pagos. Hace poco, la Argentina reestructuró su deuda de modo de prolongar en el tiempo las devoluciones de capital, pero al precio de incrementar las tasas de interés de los bonos canjeados.

Le sería difícil a la Argentina salir de la crisis impulsando un crecimiento de las exportaciones por medio de una devaluación, porque en la práctica su sistema financiero está dolarizado, sea en forma explícita, sea bajo contratos indexados. Si se dejara flotar al peso, no caería, como proponen muchos economistas, un 20%. Al igual que en el caso de la moneda indonesia en 1997-98, la corrida para comprar dólares que permitan honrar las deudas lo haría caer un 80 o 90%. Es posible que, en ese caso, el Congreso argentino se
vea forzado a imitar la política de Roosevelt de 1933, declarando nulos e inválidos todos los contratos firmados en dólares. Antes de 1933, muchos contratos norteamericanos tenían garantías en oro, y Roosevelt las eliminó para reducir las dificultades financieras que produjo su devaluación del dólar en relación al oro.

Si la Argentina siguiera ese curso de acción, las consecuencias serían planetarias, porque más de las tres cuartas partes del sistema bancario de ese país está bajo control de bancos españoles, norteamericanos, de Hong Kong y de otros países. En realidad, si no tuviera tan buen acceso al capital extranjero, el sistema bancario argentino ya habría entrado en implosión.Si la Argentina entra en cesación de pagos, la región del Mercosur se torna
vulnerable a una seria crisis, porque también Brasil tiene una moneda débil, tasas de interés en alza y carencias de electricidad. El gobierno se ha vuelto impopular, y las encuestas de opinión sugieren que en las presidenciales de 2003 podría ganar un demagogo marxista o populista, quien podría llegar a generar un prolongado período de inestabilidad económica.

La situación podría tornarse tan frágil que hasta pueden imaginarse escenarios en los que tanto la Argentina como el Brasil podrían retornar al gobierno militar.
A fines del año pasado, el FMI ofreció a la Argentina un significativo paquete de ayuda, para reducir las inquietudes del mercado en torno al riesgo de la cesación de pago. Pero el mercado sigue escéptico, debido a las contradicciones fundamentales de las políticas argentinas y a la percepción de que ni los Estados Unidos ni los demás miembros del Grupo de los Siete países industriales líderes apoyarán un nuevo paquete de ayuda importante.

Irónicamente, el retorno de Domingo Cavallo al Ministerio de Economía del gobierno incrementó las aprehensiones de los inversores, debido a que estuvo toqueteando la paridad fija con el dólar por medio de una tasa cambiaria dual para el comercio exterior. Dado que fue Cavallo quien introdujo la paridad fija hace diez años, los inversores temen que sus intentos de modificarla estén preparando el terreno para su colapso total. En cambio, hace seis meses la idea generalizada era que la Argentina dolarizaría su economía en lugar de abandonar el sistema de caja de conversión.

Otro problema de la Argentina es la realidad geopolítica. Los inversores no piensan que los Estados Unidos estarán tan decididos a detener la crisis argentina como lo estuvieron, seis años atrás, en el caso de Méjico, en el de Corea del Sur hace cuatro años o, más recientemente, en el caso de Turquía.

Uno de los rasgos más importantes de las modernas crisis financieras en los países en desarrollo ha sido que los Estados Unidos intervienen agresivamente cuando tienen una relación militar con ese país.

En el caso de Corea del Sur, el gobierno norteamericano apoyó un préstamo del FMI y también requirió de los bancos comerciales norteamericanos que reescalonaran sus préstamos. No ofreció similar ayuda a Indonesia o Tailandia porque no encontró que esos países tuvieran el mismo interés estratégico.
También Turquía, cuyo gobierno es tan incompetente como corrupto, se las arregló para obtener una buena ayuda, porque pertenece a la OTAN y porque está cerca de Irak.

Pero hay una esperanza para la situación de la Argentina. El gobierno argentino podría dividir por dos los costos de sus préstamos si pudiera convencer al Departamento de Defensa de los Estados Unidos para que implante en ese país algún tipo de base militar. El Pentágono tiene planes para invertir grandes sumas en el sistema de defensa misilística. La Argentina podría solicitar del Pentágono que construya en su territorio una de sus estaciones de vigilancia del hemisferio sur, porque está mejor localizada que otros aliados
tradicionales de los Estados Unidos. Australia podría tener problemas para aceptar semejante instalación, teniendo en cuenta que pronto elegirá un gobierno laborista, que no ve con simpatía la defensa misilística. Nueva Zelandia eliminó su fuerza aérea, y se retiró del sistema de alianzas occidentales. África del Sur tiene una relación ambigua con el poder militar norteamericano, y probablemente no sería una localización confiable para la
defensa misilística.

En la edad moderna, los inversores suelen dirigirse a los gobernadores de los bancos centrales y a los ministros de hacienda en búsqueda de liderazgo cuando hay que resolver crisis financieras. Pero la verdad es que hay poco que Alan Greenspan, Paul O'Neill, Gordon Brown, Hans Eichel y los restantes líderes del G7 puedan hacer para ayudar a la Argentina sin ofrecerle préstamos inmensos y sin crear nuevas formas de riesgo de daño moral en todos los países con mercados emergentes.

El único hombre que puede reducir las tasas de interés de la Argentina, disminuir los riesgos de contagio financiero en los mercados emergentes, y salvar la democracia en el Cono Sur de América es Donald Rumsfeld, el Secretario de Defensa de los Estados Unidos. Es él quien tiene que desarrollar la visión estratégica del teatro de operaciones de la defensa misilística que le de a la Argentina un papel en la política de seguridad nacional de los Estados Unidos tal que los inversores lleguen a creer que la administración Bush no permitirá que ese país entre en cesación de pagos. Una vez que se produzca ese cambio perceptivo, no será necesaria ninguna ayuda oficial adicional, porque en el mercado, lo que se percibe es la realidad.

Firmado: David Hale, a cargo del Departamento de Economía Mundial en Zurich Financial Services.